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Venturia en manzanos (Venturia inaequalis): comprender el ciclo de la enfermedad es la primera herramienta de control

La lluvia, la temperatura y las horas de follaje mojado determinan el riesgo de infección por Venturia inaequalis. Investigaciones chilenas ayudan a comprender la dinámica del inóculo primario.

Por Gonzalo Ugarte B. · Editor de Poma-tech

Editado el 20 de octubre, 2026 6 min de lectura
Hojas y frutos de manzano con lesiones de sarna (Venturia inaequalis).
Hojas y frutos de manzano con lesiones de sarna (Venturia inaequalis).

Sanidad vegetal · Capítulo 1

Una enfermedad que comienza antes de la primavera

Venturia inaequalis es uno de los patógenos de mayor importancia sanitaria para el cultivo de manzanos. Su desarrollo depende de la interacción entre inóculo disponible, tejidos susceptibles y condiciones ambientales favorables.

La enfermedad puede originar varias generaciones de infección durante una misma temporada. Por ello, entender el ciclo biológico resulta esencial para anticipar las infecciones en lugar de reaccionar únicamente cuando aparecen los síntomas.

1. El ciclo biológico de Venturia inaequalis

Otoño e invierno. Las hojas infectadas caídas al suelo constituyen la principal fuente de inóculo primario. En ellas se desarrollan pseudotecios, estructuras sexuales donde se forman ascas y ascosporas.

Primavera: maduración y liberación. Con el avance de la estación, las ascosporas maduran. Los eventos de lluvia y humedad favorecen su descarga y dispersión hacia hojas y frutos susceptibles.

Infección primaria. Cuando las ascosporas alcanzan tejidos susceptibles y coinciden temperatura y duración de mojado foliar adecuadas, pueden germinar e iniciar la infección.

Infecciones secundarias. En las lesiones se producen conidias que se dispersan principalmente con el agua y pueden originar nuevas infecciones mientras existan condiciones favorables.

La distinción entre ambas fases es decisiva: controlar las infecciones primarias reduce la fuente de conidias que alimentaría los ciclos secundarios.

2. Lluvia, temperatura y horas de follaje mojado

La lluvia puede favorecer la liberación de ascosporas, pero no basta por sí sola para determinar una infección. La duración del mojado foliar y la temperatura durante ese período son variables fundamentales.

Los criterios clásicos de Mills y su revisión por MacHardy y Gadoury (1989) constituyen una base de los modelos de pronóstico. A temperaturas moderadas, generalmente se requiere menos tiempo de mojado para establecer una infección que bajo condiciones frías.

Figura 1. Horas de follaje mojado para la infección según la tabla de Mills revisada. Autores y origen: W. E. Mills (1944); revisión de W. E. MacHardy y D. M. Gadoury (1989). Adaptación de la tabla técnica publicada por ONfruit (Ontario), con referencia a Stensvand et al. (1997). Advertencia: esta gráfica es una referencia epidemiológica y no constituye una recomendación técnica. La interpretación requiere condiciones locales, inóculo y tejidos susceptibles.

El mojado puede continuar después de que termina la lluvia; rocío, niebla, ventilación del huerto y velocidad de secado de las hojas modifican el riesgo real. Los umbrales deben interpretarse mediante modelos validados y datos meteorológicos locales.

3. La infección precede a los síntomas

Después de la penetración del patógeno transcurre un período de incubación durante el cual las lesiones todavía no son visibles. Su duración varía con la temperatura y otras condiciones.

Las lesiones pueden manifestarse como manchas oliváceas de aspecto aterciopelado, tanto en hojas como en frutos. Por ello, un huerto sin síntomas visibles no necesariamente está libre de infecciones recientes.

El monitoreo meteorológico ayuda a anticipar el riesgo; la observación de lesiones sirve para evaluar infecciones que ya ocurrieron.

4. Evidencia científica chilena: la liberación del inóculo en Osorno

Ivette Acuña, Paola Riffo y Cecilia Catalán investigaron el potencial de liberación de inóculo primario de Venturia inaequalis en la provincia de Osorno. Su trabajo examinó la evolución estacional de las ascosporas y su relación con la fenología del manzano.

Los resultados describieron un aumento del potencial de liberación durante la primavera, con períodos de mayor importancia epidemiológica alrededor de septiembre y octubre en las condiciones estudiadas.

Es fundamental distinguir potencial de liberación de descarga efectiva durante un evento de lluvia. Asimismo, los resultados históricos de Osorno no pueden extrapolarse sin validación a todas las zonas productoras chilenas.

5. Experiencia chilena: primavera lluviosa en el Maule

Mauricio Lolas y Gonzalo Díaz, del Centro de Pomáceas de la Universidad de Talca, describieron condiciones de la temporada 2015–2016 en la Región del Maule que favorecieron la enfermedad.

La combinación de precipitaciones intermitentes, temperaturas moderadas y un período de floración prolongado generó oportunidades de infección. El caso ilustra por qué la oportunidad de aplicación y la interpretación de eventos meteorológicos son tan importantes como la elección del fungicida.

6. Cinco variables que definen el riesgo epidemiológico

  • Inóculo disponible y madurez de las ascosporas.
  • Estado fenológico y disponibilidad de tejidos susceptibles.
  • Precipitaciones y oportunidades de dispersión.
  • Duración efectiva del mojado foliar.
  • Temperatura durante el período de mojado.

Estas variables deben interpretarse conjuntamente. Ninguna, por sí sola, permite confirmar que se produjo una infección.

Conclusión

El manejo de Venturia inaequalis comienza con el conocimiento del ciclo de la enfermedad. Las investigaciones chilenas aportan antecedentes sobre la evolución del inóculo primario y el efecto de primaveras favorables al patógeno.

Anticipar el riesgo mediante información meteorológica, fenología y vigilancia del inóculo permite tomar decisiones más oportunas que basarse exclusivamente en síntomas visibles o calendarios fijos.